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El Futuro de la Universidad

Conferencia “El futuro de la universidad” con el doctor Horacio Cerutti, filósofo, investigador y catedrático de la Universidad Autónoma de México (UNAM).

Durante la conferencia, el doctor Cerutti habló sobre la importancia de la universidad, identificando 3 aspectos muy importantes de ésta como un espacio de: formación, investigación y divulgación. Explicando así la característica esencial de la universidad como institución al servicio de la sociedad, que eduque hombres y mujeres involucrados con sus realidades. 

Sin embargo, hacía reflexionar a los oyentes: ¿qué quiere decir “al servicio”?   Al servicio quiere decir que la universidad no se puede convertir en un lugar de evasión de la realidad, sino que tiene que ser oportunidad de trabajo para devolver a la sociedad el fruto de lo aprendido, como forma de cooperación. De hecho, explicaba el doctor Cerutti, que la educación debería ser integral, en el sentido que debería provocarnos a hacer un esfuerzo por alimentarnos de lo que pueden brindar las distintas disciplinas, porque, si no, los seres humanos se quedarán con lo que aportan los medios de comunicación: desinformación, cifras, datos, o argumentos que no se entienden el uno con el otro. 

Asimismo, el doctor, frente a la situación actual, abarcó el tema de la comunicación virtual, que, por un lado, nos aparta y, por otro, nos permite comunicarnos conforme a si sabemos usar estas divisiones, si sabemos cómo podemos devolverle a la sociedad lo que nos está permitiendo hacer. Por ello, profundiza explicando que las clases virtuales limitan mucho el encuentro, el diálogo y el intercambio y por ende, es necesario seguir creando lugares y formas para reunirse, aún fuera de los horarios de clase. 

De la misma manera, llamaba la atención sobre el rol del catedrático, de su manera de educar y de transmitir saberes; de hecho, expresaba cómo el profesor tiene una doble arma, ya que puede impartir un curso sólo para transmitir nociones, para alcanzar un título académico, para una función económica o por algo más. Por ello, subrayaba la importancia, tanto de las universidades públicas, como privadas, de asumir una responsabilidad pública, educando a los estudiantes no sólo a aprender conocimientos, sino a contribuir con sus trabajos a la sociedad; ya que muchas veces acontece que las universidades privadas solo busquen clientes. 

La conferencia concluyó con un intercambio de preguntas muy enriquecedoras sobre el rol de los estudiantes como actores activos de las universidades, sobre la necesidad de diálogo entre profesores y estudiantes para profundizar las relaciones, con el deseo de interesarse por los demás, compartir tiempo y cuestionarse sobre las problemáticas actuales. De hecho, la relación entre profesores y alumnos debería ser una relación humana de conocimiento, intercambio y diálogo, enriquecedora por ambas partes y sin prejuicios de saber; esto debería ser también el trabajo de un asesor de tesis: ponerse a disposición de sus estudiantes. Asimismo, comentaba el doctor Cerutti, que cuando las personas se encuentran sobre temas comunes, el paso siguiente es ponerse a trabajar juntos, organizando tiempos y espacios en base a este deseo de colaborar a la realidad.

La intención inicial de la arquitectura

En la arquitectura, como en las artes y en todas las prácticas humanas, hay resultados diferentes según la intención inicial del autor; incluso dos obras formalmente iguales, pero con intenciones iniciales diferentes, son en sí mismas diferentes.

La intención inicial del arquitecto puede ser la de asombrar al espectador (y esto no es nada nuevo, sino que es, desde la antigüedad hasta los arquistar modernos, la tentación oculta de todos los diseñadores; es como el placer personal de ser no original, sino exótico). Pero, la intención puede ser «dar un mensaje», es decir, cargar un edificio de significados o simbolismos, como una verdadera obra de arte (y ésta es la arquitectura que se enseña en las universidades, abstracta y erudita; una arquitectura que tiene su propósito en insertarse en un discurso histórico/cultural).

Otras intenciones iniciales son poner la propia firma en algo, crear la máquina funcional perfecta, idear la mejor estructura, etc.

La cuestión es que un diseñador arquitectónico se identifica a menudo con la figura común del artista, de tener que expresar su ego a toda costa; pero, como dice A. Rimbaud, «yo es otro». No estamos hablando de estilo, porque cada uno tiene su propia manera de hacer las cosas y es correcto hacerlo; en cambio, estamos hablando de la intención inicial de servir y crear un lugar para los hombres (y no para los hombres idealizados, sino para los hombres reales).

En el vasto mar de etiquetas y definiciones tomadas a priori, también se puede encontrar este último tipo de diseñador: es, para la mentalidad dominante, el «arquitecto sostenible», comprometido con el medio ambiente y con una determinada idea de lo social. Es el que, por decirlo claramente, inserta pistas ciclables, huertos urbanos, espacios de co-working en todo, más por la moda del momento que por una necesidad real.

Se cree, por tanto, que quienes tienen la intención inicial de crear lugares para las personas son activistas, tecnólogos, ecologistas y nada más.

En realidad el tipo de arquitecto que inició la arquitectura moderna es Le Corbusier, es Gropius, es Wright, es Aalto; es el que quiere crear algo nuevo para la humanidad, no por instinto (es decir, siguiendo una moda), sino trabajando sin prejuicios. No fueron activistas, sino que se dedicaron a un propósito hasta el punto en el que reconocemos la belleza de sus obras, no por un efecto calculado, sino por nuestra propia correspondencia de intenciones. De hecho, «reconocemos nuestra sangre en todo. Es la única manera de percibir los fenómenos», como dijo Erick Mendelsohn.

El gusto por la belleza no se detiene en la superficie, en la forma visual, sino que busca su correspondencia en muchas otras cosas: en la historia del edificio, en su respuesta a los límites a los que está sometido, en la intención inicial de quienes lo quisieron y realizaron, en el razonamiento que despierta en el espectador. Hay que huir de la inmediatez, hay que buscar la complejidad.

EL JUEZ ROBOT

El abogado José Ángel, platicó con la universidad ICTE acerca del panorama que se vive con respecto a la inclusión de modelos tecnológicos aplicados a la impartición de justicia. 

¿La tecnología es una herramienta, un medio o verdaderamente sustituye al juzgador? La pregunta desde la revolución industrial, ha sido: ¿qué tan perjudicial o beneficioso resulta la entrada de avances tecnológicos en los quehaceres humanos? Las labores humanas están hechas de un trabajo mecánico, es cierto, pero también son el resultado de la pasión que se les imprime y hasta el día de hoy, ningún sistema artificial tiene la capacidad de sustituir la relación entre personas: los acuerdos a los que pueden llegar, el respeto que puede surgir… etc. 

En materia de impartición de justicia, se han desarrollado sistemas, que a través de una recopilación de antecedentes, pueden calcular resoluciones a los casos de cada materia, lo que tiene beneficios a nivel de eficacia (no así de eficiencia), según la conversación que tuvimos con el abogado José Ángel, quien nos comentaba que computarizar las carpetas de investigación colabora a la reducción del uso de papel, de espacios que funcionaban como archivos para almacenar todos esos documentos e incluso hacia la labor de coser a mano las carpetas.

Entra en conversación con nosotros sobre el impacto del uso de la tecnología en la labor de un juez, a través de la conferencia ´El juez robot´.

Expositor: Lic. José Ángel Fernández Uría